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Agustín Laje y el análisis a los jóvenes progres

Agustín Laje es uno de los intelectuales más nombrados en los últimos meses en internet, conocido por sus polémicos debates de ideología de genero contra feministas en Argentina, Con lo cual ha sido comparado con Milo Yiannopoulos y Ben Shapiro por sus reiterados triunfos en la batalla de las ideas.

Escritor y  co-autor con Nicolás Márquez del Best-Seller internacional “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”. Trae un análisis del progresismo como ideología.

Breve retrato del joven progresista por Agustín Laje

Progreso no es lo mismo que progresismo. Lo primero designa la cualidad de un hecho o una serie de hechos específicos que permiten el avance en algún campo de la realidad; lo segundo es la ideología según la cual todo hecho novedoso entraña esta cualidad. Es en virtud de esta diferenciación conceptual que debemos retratar al joven progresista de la sociedad occidental contemporánea.

En efecto, deslumbrado por toda novedad —por su mera condición novedosa— el joven progresista es parte del paisaje socio-político de nuestros tiempos. Podemos verlo en Facebook dedicando algunos minutos de su día a despotricar contra las “multinacionales”, a través de su MacBook último modelo que compró en su último viaje a Europa debidamente financiado por papá; en Change.org firmando peticiones para proteger al tigre de bengala y, al mismo tiempo, otras para legalizar el asesinato del ser humano por nacer que indulgentemente denomina “interrupción del embarazo”; en Twitter condenando al “heterocapitalismo patriarcal” en 140 caracteres por la violación que una joven sufrió ayer, en manos de un violador que la justicia (con minúscula) soltó anteayer en virtud de la ideología garantista que el joven progresista también defiende en sus próximos 140 caracteres.

El joven progresista es un producto bien diseñado por la institución educativa y los medios de comunicación dominantes. Probablemente no lo sepa, pero es el hijo necesario de la crisis histórica del marxismo clásico que derivó de la absorción de la clase obrera por el capitalismo avanzado. Habiendo quedado huérfana de su sujeto revolucionario arquetípico, la izquierda se replegó sobre la juventud que protagonizó en la década del ’60 hechos de trascendencia mundial como el Mayo Francés, los movimientos contraculturales y la emergencia de la New Left norteamericana.

Claro: quienes en aquellos tiempos eran jóvenes, hoy son los adultos que educaron al joven progresista contemporáneo. El problema, no obstante, es que a diferencia de sus antepasados progresistas, el joven progresista de nuestros días ha dejado de ser contracultural: se ha convertido en una figurita repetida y verdaderamente mainstream de un espacio ideológico que intercambió la guerra de guerrillas por los viajes de mochileros, también financiados por mamá y papá.

Debe remarcarse a este respecto que el desprecio que el joven progresista siente por los mayores, sus valores y jerarquías “alienantes”, es directamente proporcional sin embargo al uso que aquél hace de los frutos del también “alienante” trabajo que éstos desarrollan. Algo debe quedar claro: no hay joven progresista sin acceso a la tarjeta de crédito de mamá y papá. Aquélla siempre está lista para ser reventada, preferentemente en viajes multiculturales capaces de encubrir la vorágine de consumo capitalista (en la que el progresista tanto adora zambullirse) detrás de algún famélico ser humano del mundo sub-desarrollado que será congelado en una fotografía de IPhone, debidamente subida a las redes sociales con alguna nada novedosa reflexión que culpabilice al “capitalismo salvaje” del hambre de este pobre hombre, que jamás conoció ningún capitalismo por cierto.

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